C A S A R A B O N E L A |
HISTORIA Y PAISAJELa situación geográfica de Casarabonela, en el borde occidental de la comarca del valle del Guadalhorce, hace que sus tierras rebasen el valle propiamente dicho para adentrarse en la comarca natural de Ronda por Alcaparaín (1.200 m) y Prieta (1.521 m), hasta acercarse al mismísimo río Turón en su límite con el municipio de El Burgo. Este frente montañoso de la Serranía cubierto de pinares que se mezcla con la caliza, actúa como extraordinario telón de fondo de la población de Casarabonela.
Pueblo de postal donde los haya, rodeado de huertas en bancales que suben hortalizas y frutales desde el fondo del valle hasta el pie mismo de la sierra en busca de los manantiales. Pero no acaba aquí el territorio de Casarabonela. En el centro, rodeado de olivares y campos de cereal se levanta la sierra de La Robla (563 m), que entre pinares se asoma a sus hermanas mayores de la Serranía y a los campos de Zalea, en el corazón del Guadalhorce. La aparición de vestigios neolíticos en las cuevas de las sierras del municipio, prueban la presencia del hombre en estas tierras desde épocas muy remotas. Pero los testimonios antiguos más importantes pertenecen a la época romana. Estos crearon en lo que hoy es Casarabonela, un primer asentamiento a modo de puesto avanzado que llamaron Castra Vinaria -castilla del vino- y construyeron calzadas que atravesaban su territorio. Todavía se conservan restos de dos de ellas, una que unía Casarabonela a Málaga por el sur y otra con Ronda por el oeste. Los árabes ampliaron y reforzaron la vieja fortaleza romana y mantuvieron su nombre, que por deformación popular terminó pronunciándose como Csar Bonaira, del que proviene su actual denominación. Hasta tal punto reforzaron los árabes sus defensas, que fue la última población de la zona que cayó ante las tropas cristianas durante la Reconquista. A partir del siglo XV se emplea ya el nombre de Casarabonela. Tras la expulsión de los moriscos, las tierras se repartieron entre repobladores procedentes de Extramadura y otras zonas de Andalucía. En 1574, Felipe II le concedió el título de Villa, según figura en la Carta Puebla que se conserva en el archivo del Ayuntamiento. |
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Casarabonela, de casas blancas en calles que se serpentean en cuesta, conserva su fisonomía árabe y por tanto el color y el sabor de los pueblos blancos andaluces, con recoletas plazas, como la del Ayuntamiento con su pequeño edificio de balcones volados con dinteles, sus farolillos y relof sobre un frontón, y casas en las que son frecuentes las hornacinas donde se rinde culto a determinadas imágenes de devoción popular. El monumento más relevante es la iglesia parroquil de Santiago, antigua colegiata construida primitivamente sobre una antigua mezquita en el siglo XV en estilo gótico tardía, pero que sufrió a lo largo de la historia numerosas modificaciones. Este templo se levanta sobre la parte más elevada del pueblo, muy cerca de las ruinas del castillo árabe, y consta de tres naves de diferente altura, separadas por arcos de medio punto sustentados por pilares rectangulares. Dentro de la iglesia destacan el coro situado en la capilla mayor, y la capilla del Sagrario. El mararín del altar mayor acoge la imagen de la Virgen del Rosario (madera policromada del S. XVIII). En el exterior, la portada está formada por un arco de medio punto, entablamento y frontón abierto en volutas laterales que apuntan a un óvalo enmarcado y con la Cruz de Santiago. La torre se alza en el exterior de forma impresionante, con el último de sus tres cuerpos de vanos alargados y arcos de medio punto y una cubierta piramidal de cerámica. La ermita de la Cruz, del siglo XVIII, está abandonada y no abierta al culto, y del antiguo castillo árabe sólo quedan unas cuantas piedras. Fuera del casco urbano existen dos yacimientos, el de la Taivilla (época romana) y el de Los Villares (antiguo poblado medieval). Otros lugares de interés ecológico y paisajístico son las cuevas de la Hoguera, la de Fuente Quebrada (manantial) y la de las Columnas; los parajes de Chorredón, el llano de San Cristóbal y el de San Julián, y las simas Corta y de la Jácara. |